5.30.2008

Kierkegaard 101

“Más allá del mundo en el que vivimos, en un fondo lejano, existe todavía otro mundo, que, respecto al primero, está en la misma relación en que la escena que vemos en el teatro se encuentran con la escena real. A través de unos velos muy finos y más etéreos, de una intensidad distinta a la del mundo real. Muchos hombres que aparecen corporalmente en el mundo real no tienen su morada en éste, sino en el otro.
Sin embargo, cuando un hombre se aleja, cuando un hombre casi desaparece del mundo de la realidad, depende de un estado de enfermedad o de salud. Y éste era el caso de ese hombre, que, sin haberlo visto antes, tuve la ocasión de conocer.

No pertenecía al mundo real, y sin embargo tenía muchos lazos con él. Continuamente se
metía dentro, y siempre, cuanto más se abandonaba, más salía de él. Y no era el Bien lo que le tenía alejado, ni tampoco el Mal; no puedo afirmar nada en contra de él, en ningún aspecto. Padecía una exacerbatio cerebro, por lo que la realidad no le servía de estímulo más que de forma esporádica. No se alejaba de la realidad por ser demasiado débil para soportarla, sino demasiado fuerte. Y precisamente su fuerza era su enfermedad. En cuanto la realidad perdía su poder de estímulo, se sentía desarmado, y de ahí su mal. Y él tenía conciencia en el instante mismo del estímulo, y en esta conciencia consistía el mal.

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