Un trueno y el fin de una desdichada pesadilla despertaron de un sobresalto al Sargento, quien todavía intentaba recomponerse, olvidarse del mal sueño, olvidarse que algun día terminarian sus aventuras, olvidarse que el ultimo año viajo sin rumbo, ciertamente habia rumbo, lo incierto era el camino, y esto hacia que sus tripulantes dudaran de la capacidad del Sargento para continuar al mando de la tripulación.
Es que convengamos que un año en alta mar puede sacar a fuera lo peor de cada uno de ellos... a pesar de que más de una vez, él les haya salvado la vida.
El sargento se levanto. Habían estado días sin un rumbo fijo, sin que el diera ordenes, solo salia a caminar por la tarde y volvia a su cuarto. Hacia dias que buscaba una señal, y habia días que el sargento deseaba dejar la libertad, para volver a su hogar.
Salio a caminar, todavía no habia amanecido pero en el horizonte se olia el nuevo sol. La nueva esperanza.
El sargento contemplo, pero tambien contemplaba la mirada de desconfianza de sus hombres.
Qué pasa cuando un hombre pierde el respeto de sus camaradas? Qué pasa cuando se pierde la fe en un heroe?
Qué pasa cuando ya nadie tiene más nada que perder?
Todas estas ideas rondaban al unisono la cabeza del sargento, pero a su vez, no paraba de pensar en el pasado, por algun motivo, tenia una espina clavada.
Aprendio a esquivar las miradas furtivas, aprendio a ignorar los comentarios de sus hombres. El fue un hombre que lo tuvo todo. Y ahora ni siquiera era el hombre que alguna vez peleo por ser. Creo, o supongo que esto era lo que más deprimia al Sargento.
El sargento camino por su barco, sentia que esta iba a ser la ultima vez, lagrimas imaginarias recorrian su cara, hay cosas que nunca quiero entender.
Era tiempo de decisiones.
Continuara...“Anotaciones del Sargento pimienta, 31/12/2010.”
12.31.2010
Epilogo VI: La bitacora del Sargento Pimienta.
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